Alexander Kluge. La inmensidad rusa en el tiempo y el espacio

Revista Ñ Ideas

La sed de conocimiento viene de la curiosidad, no de un deber (no de una doctrina de la virtud), y surge de contar historias. Empiezo a contarlas antes de saber nada. Contando historias de un país que me es ajeno puedo acercarme a todo lo que me confunde de mi propio país y que no entiendo de mis experiencias inmediatas. Eso opinaba el dramaturgo Heiner Müller. Conocía Rusia tanto y tan poco como yo. Hay un gran misterio al Este de nosotros, decía: un gabinete de curiosidades, lo que necesitamos para descifrar una frase clásica: "Solo sé que no sé nada".

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